En esta sesión, cinco compañeras —M., A., S. D. y L.— compartieron sus experiencias en contextos diversos. Sus testimonios nos permitieron conectar la teoría con la realidad y repensar la labor educativa en su complejidad.
La sesión empezó de una manera diferente. No hay comunidad cultural que no se teja a través de la celebración. Y, qué mejor manera de celebrarnos que a través del manjar de unas galletas hechas con cariño y con pericia por una compañera: ¡Gracias, Arisbe!
A. y M.: entre la inclusión y la medicación
A. y M. trabajan en un espacio de ocio educativo con niños que presentan trastornos de conducta o TDAH. Han vivido de cerca las tensiones entre el acompañamiento pedagógico y la respuesta médica. Observaron, por ejemplo, cómo la medicación puede calmar ciertos comportamientos pero también inhibir la personalidad del niño y dificultar su relación con los demás.
Ambas coinciden en que la medicación no debe ser la única vía: la inclusión exige formar y acompañar a las familias, generar vínculos de confianza y adaptar los entornos, no solo los cuerpos. Desde su mirada pedagógica, reivindican que la inclusión se construye desde la relación y el conocimiento del niño, no desde el control farmacológico.
Denuncian además falsas formas de inclusión: “En el colegio donde trabajo la directora creó un aula específica con niños de 4 a 12 años con discapacidades diferentes, creyendo que eso era inclusión. Pero luego los separa en el comedor y el patio. Eso no es inclusión, es segregación bajo otro nombre” (M.).
En cambio, en otro centro donde A. colabora, en el comedor, los niños con necesidades especiales comparten los espacios con sus compañeros. Allí sí ha visto relaciones espontáneas y naturales: “los demás no ven diferencia”, dijo. La inclusión bien gestionada transforma el clima educativo, en línea con las organizaciones que aprenden y con el liderazgo más distribuido, aquel que genera ambientes de aprendizaje abiertos, colaborativos y emocionalmente seguros.
S.: no todo lo que se llama inclusión lo es
S. recordó que “no podemos llamar inclusión a todo”. La integración física no garantiza la inclusión real. Incluir no es simplemente colocar a todos en el mismo aula, sino revisar las estructuras, los apoyos y las expectativas.
Planteó la necesidad de romper estereotipos sobre la diversidad, tanto en los medios como en la escuela. Cada discapacidad, dijo, “tiene una diversidad interna enorme”. Su reflexión nos remite a lo que la LOMLOE concibe como ajustes razonables y diseño universal para el aprendizaje: la obligación del sistema de adaptarse a las personas, no al revés.
Como recuerda Antonio Bolívar (2011), la inclusión exige un liderazgo distribuido, donde el equipo directivo y los docentes actúan como líderes de líderes, generando cultura de colaboración, aprendizaje y reflexión ética.
D.: inclusión, recursos y equidad
D. aportó otra mirada. Para ella, la inclusión debe ser “amplia y con sentido”: no basta con mezclar grupos, sino asegurar que todos participen y disfruten. Ha trabajado con un alumno con TDAH sin medicación y cree que, en ese caso, sí la necesitaba para aprender mejor. Su testimonio muestra que la inclusión no es una receta única, sino un proceso de decisiones profesionales contextualizadas.
Criticó además la falta de recursos en la Comunidad de Madrid y comparó con otras regiones donde hay más personal de apoyo y los centros pueden adaptarse mejor a cada alumno. Como señalan Gairín y Castro (2010), la autonomía institucional y los apoyos externos son claves: sin ellos, la inclusión se queda en discurso.
Nos compartió, además, en medio de las brumas en que estábamos sumidos, un ejemplo de buena práctica, de un proyecto incluyente, exitoso: el diseño, cocinado y venta de un menú escolar gestionado por niños con síndrome de Down.
L.: inclusión más allá de la escuela
L. hace sus prácticas en pedagogía laboral, en una empresa de recursos humanos. Creía que estaba participando en procesos de inclusión laboral, pero descubrió que la realidad es mucho más excluyente. Narró el caso de una persona sorda descartada porque no podían comunicarse por teléfono, o de profesionales extranjeros con títulos no convalidados, rechazados a pesar de su experiencia.
Su testimonio abrió la discusión hacia una visión sistémica de la inclusión: las barreras no solo están en las aulas, sino en el mercado laboral, las normativas y las mentalidades. La educación inclusiva, como plantea la UNESCO, debe articularse con políticas sociales, culturales y laborales para lograr la justicia educativa real.
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Cristian y Gema: el pensamiento crítico como competencia profesional
Cristian cerró el debate planteando un dilema clave: ¿crear aulas específicas es una forma de equidad o de segregación? Su reflexión sintetiza una tensión histórica de la educación inclusiva en España.
Recordó que “cada caso es distinto” y que, en situaciones graves, puede ser necesario un centro especializado. Pero insistió en analizar cada decisión con criterio ético y pedagógico.
Gema, por su parte, subrayó que lo más valioso que hemos aprendido en la carrera es pensar críticamente: analizar las trayectorias, los contextos y las decisiones de cada docente o director para comprender por qué actúan como lo hacen.
Reflexión final: liderar la inclusión
La sesión mostró que dirigir un centro inclusivo no consiste en aplicar, con mano de hierro o sutil guante, ciertas normas y políticas, sino liderar procesos humanos y éticos. La LOMLOE, en su orientación general descentralizadora, pareciera respaldar esa dirección: impulsa la autonomía de los centros para adaptarse a su contexto. Pero esa autonomía, sin los recursos suficientes y sin la participación y responsabilidad colectiva suficiente, puede ser, incluso, contraproducente. Y, como señala Bolívar, el verdadero liderazgo se ejerce desde el aprendizaje compartido, no desde el control, incluso en sistemas escolares dirigidos desde un discurso pedagógico "inclusivo". Para que funcione, no basta con las buenas intenciones ni con los gestos superficiales de inclusión, políticamente correctos.
Hace falta iniciar el lento y complejo proceso de construir una cultura escolar que camine hacia la inclusión, aunque sea por caminos llenos de piedra y sin los recursos adecuados. En definitiva, la educación inclusiva nos obliga a repensar la dirección escolar: del modelo burocrático al modelo humano, del cumplimiento de normas a la construcción de comunidades de aprendizaje donde todos —directores, docentes, familias y estudiantes— participen en el proyecto común de aprender juntos.
Muy interesante ver toda la información de lo que compartimos el martes pasado resumida en una entrada de blog; me ha servido para recordar aquello que hablamos y reflexionarlo para poder crear mis apuntes sobre la ponencia de mis compañeras y tener un pensamiento crítico sobre el tema clave en esta sesión, la inclusión.
ResponderEliminarTransmite mucha cercanía y reflexión. Logras conectar las experiencias con las ideas teóricas de forma muy clara y sincera. Me gustó especialmente cómo destacas que la inclusión va más allá del aula y requiere compromiso real, no solo buenas intenciones.
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ResponderEliminarMe parece una idea super guay que esto haya quedado recogido en el blog, porque hay información que vale oro y nos viene muy bien tener una visión más realista y práctica basada en las experiencias de nuestras compañeras además de los apoyos teóricos que tenemos en el resto de clases.
ResponderEliminarComo participante del conversatorio, me gusto tener la oportunidad de contar mi experiencia y sentir que aporto algo a al clase, es como un pequeño momento de protagonismo, que en primeras me angustiaba porque no me suele gustar, pero que después me sentí muy bien. Además creo que esta muy recogido en esta entrada del blog, claro conciso y destacando lo importante.
ResponderEliminarMe gusta mucho los argumentos que aporta D. su crítica a la falta de recursos en la Comunidad de Madrid manifiésta una de las principales limitaciones del sistema educativo para avanzar hacia una inclusión real y efectiva. La comparación con otras provincias donde existen mayores apoyos institucionales y humanos evidencia la desigualdad territorial que hay en materia educativa. Me encanta la aportación que han hecho todos dando su punto de vista en ciertos aspectos. Soy Andrea Jiménez
ResponderEliminarPara hablar de inclusión debemos de entender todo lo que conlleva, a través de esta clase se propuso la idea de ser críticos con este concepto. Dejar de lado la opción de inclusión como un acto donde solo se reúnen a personas diferentes, para pasar a ser un concepto donde se recogen las necesidades individuales para ser atendidas.
ResponderEliminarLa inclusión es un deber de todos y más aún para nosotros como pedagogos.
Fue interesante poner sobre la mesa el tema de la inclusión, ya que no es algo tan sencillo como meter a todos los estudiantes en el mismo espacio. La inclusión real pasa por entender las necesidades de cada niño, por generar vínculos de confianza y, sobre todo, por transformar los entornos educativos.
ResponderEliminarA través de las experiencias de las compañeras, nos quedó claro que, a veces, lo que se hace en nombre de la inclusión, en realidad, es segregación. También se mencionó que, sin los recursos adecuados, la inclusión sigue siendo un discurso vacío.
Cambia la M por la A
ResponderEliminarMe encanta la manera en la que relaciona las experiencias de las compañeras con la teoría de clase, quizás esa sea una buena manera de aprendizaje.
ResponderEliminar¡Qué gran entrada! Me ha gustado mucho cómo se ha abordado el tema de la inclusión desde experiencias reales y tan diversas, reflejando que incluir no es solo estar juntos, sino también acompañar, adaptar y cuestionar prácticas.
ResponderEliminarMuy de acuerdo con la visión de Sofía, creo que deberíamos dar más tiempo a hablar de este tipo de cuestiones. Me gusto mucho la metodología de conversatorio.
ResponderEliminarDestaco mucho la parte del dialogo de Livia donde expuso la realidad de algo que desconocemos por completo como puede ser la pedagogía laboral y me alegra haber podido tener un espacio para desarrollar este dialogo sobre las curiosidades del mundo laboral.
ResponderEliminarCreo que los testimonios de las compañeras nos llevan a pensar que liderar la inclusión es un acto ético y humano, no burocrático. Debemos dejar de buscar el gesto políticamente correcto.
ResponderEliminarCreo que son debates y coloquios muy necesarios a tener en una profesión como va a ser la nuestra de Pedagoga/o. Es muy enriquecedor abordar estos temas desde una visión amplia.
ResponderEliminarHa salido un tema muy interesante en esta entrada del blog que habla de la medicación, como puede ser una mejora para los niños pero también destaca acerca de su lado negativo.
ResponderEliminarPoder tener todas las reflexiones que surgieron el otro día durante la conversación me parece muy útil, ya que además nos da a cada uno la oportunidad de crear nuestra propia reflexión recordando todas las ideas y conversaciones paralelas que se dieron y tal vez no recordemos con exactitud
ResponderEliminarCreo que ha sido un espacio muy necesario dentro del aula, escuchar a mis compañeras ha sido muy reconfortante, y escuchar sus experiencias me hacen aprender mucho como persona. El hecho de que se haya hecho un blog acerca de esta sesión de clase es sorprendente, pero si me doy cuenta, nos ayuda a todos a recordar esta experiencia de manera más detallada, y que cada vez que queramos podremos acceder a ella.
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ResponderEliminarEstoy muy de acuerdo con las reflexiones que se hicieron. Me parece un debate muy interesante y muy complejo para intentar arreglar un sistema educativo que peca de confusión y que termina errando a la hora de entender la inclusión. Es un sistema que excluye, que no deja medios y que trata de camuflar la integración con la inclusión, siendo estas muy diferentes y dejando de lado el problema estructural que se adorna bajo palabras que no se cumplen.
ResponderEliminarMe ha parecido muy enriquecedor porque creo que me ha permitido conectar la teoría con la realidad a través de las experiencias de mis compañeras. Escuchar sus testimonios me ayudó a comprender que la inclusión educativa no es solo una cuestión de buena voluntad, sino un proceso complejo, lleno de retos, decisiones éticas y contextos muy distintos.
ResponderEliminarPor ejemplo, las experiencias de algunas compañeras mostraron cómo, en ocasiones, la medicación se convierte en una solución rápida, pero no siempre en la más adecuada. Me hizo pensar en cómo, a mi de pequeño para "controlar" el tdah, me las recetaron. Creo que desde la pedagogía, debemos buscar alternativas más humanas. La inclusión no debería centrarse en “controlar” la conducta, sino en acompañar y comprender.
Por otra parte, hubo una mirada muy equilibrada, ya que no hay algo único para incluir, cada situación requiere analizarse con sensibilidad y sentido profesional y humanitario. Su crítica sobre la falta de recursos me pareció muy realista, porque sin apoyos suficientes, la inclusión se queda en palabras.
Me pareció muy interesante la clase y las diferentes experiencias de mis compañeras que evidencia la distancia que existe entre el discurso y la práctica. Destaco de la clase que incluir no es solo integrar, sino generar vínculos, autonomía y cultura colaborativa.
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