El pasado 9 de diciembre, la Facultad de Educación de la UCM acogió el conversatorio con Claudia Romero, con motivo de la presentación de su libro Liderazgo educativo. Más que una conferencia al uso, fue una experiencia formativa: una ocasión para poner voz, ejemplos y emociones a conceptos que venimos trabajando a lo largo del curso en la asignatura Dirección de Centros Educativos.
En esta entrada no pretendo resumir las ideas de la autora (para eso ya está el libro o los artículos de Claudia), sino escuchar lo que resonó en el aula. Hacer, a mi manera, una reseña coral, construida a partir de las voces de los estudiantes. Para ello tomé los testimonios que registraron los estudiantes en el cuestionario y también las entradas que algunos estudiantes (Sandra, Sofía Lucas y Gema).
Uno de los aprendizajes más recurrentes fue la desmitificación del liderazgo como ejercicio autoritario. Varias intervenciones subrayaron cómo Claudia Romero insistió en desplazar la figura del líder–jefe hacia la del líder que genera confianza. Andrea Jiménez lo sintetizó con una frase que se convirtió casi en lema del encuentro: “El liderazgo escolar debería inspirar y no crear temor”. Una idea que conecta directamente con los modelos de liderazgo pedagógico y distribuido trabajados en clase, y que invita a pensar el liderazgo como una construcción colectiva, no como un atributo individual. Arisbe lo formuló desde la experiencia del aula: dejar de ver al líder como quien manda, para entenderlo como quien organiza, guía y escucha, respetando la autonomía de los demás.
Uno de los momentos más citados por el alumnado fue un ejemplo aparentemente menor, pero profundamente simbólico: la directora que cose el botón del abrigo de un alumno. María Vetas lo expresó con claridad: ese gesto “baja el estandarte autoritario” y muestra que el liderazgo educativo se juega también en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo relacional. No se trata solo de gestionar, sino de cuidar, de estar presente, de representar a la institución desde una ética del reconocimiento. Esta idea conectó especialmente con quienes destacaron la dimensión emocional del liderazgo. Susana lo dice así: cuando hay emoción al hablar del propio trabajo, deja de ser solo trabajo y se convierte en parte de quien eres.
Claudia tiene la capacidad de reflexionar sobre aspectos densos de la dirección y gestión educativa con un lenguaje que, sin perder su capacidad sugerente, nos remite a la realidad de la gestión desde dentro, desde lo concreto, lo cotidiano. Ludmila recogió varios ejemplos: la relevancia de cómo eres percibido por la comunidad escolar (por los niños chiquitos, especialmente) y la necesidad de entender que la mejora escolar exige obsesión pedagógica, no solo cumplimiento administrativo. Exige tener esas muchas pantallas abiertas, en la máquina de tu gestión, y sentir la pasión, el flow, de atenderlas todas.
Apareció con fuerza una crítica compartida: el riesgo de que los equipos directivos vivan atrapados en la burocracia y la gestión de urgencias, sin tiempo para el liderazgo pedagógico de calidad. Una tensión que ya habíamos analizado en clase y que aquí se vio confirmada desde la experiencia profesional de la autora.
Malena destacó algo clave: la insistencia de Claudia Romero en el “para qué” y el “cómo” del liderazgo. No basta con conocer modelos; es necesario dotarlos de sentido práctico. El evento permitió, en este sentido, aterrizar la teoría: liderazgo distribuido, pedagógico, ético, basado en evidencias… conceptos que dejaron de ser abstractos para encarnarse en relatos reales de escuelas, especialmente en contextos vulnerables. Gema lo expresó con énfasis: escuchar experiencias de liderazgo en escuelas que más lo necesitan fue, para ella, uno de los aprendizajes más relevantes ("duraderos", dijo) de su formación como pedagoga.
No todas las voces fueron complacientes, y eso también es valioso. Gonzalo señaló que habría deseado más diálogo y menos charla, más espacio para responder preguntas del alumnado. Una observación pertinente que nos recuerda que el liderazgo distribuido, dialógico (el enfoque central de nuestro curso) también se juega en la arquitectura, en la práctica de los encuentros. Y que vencer las inercias institucionalizadas (el salón de "conferencias", la arquitectura de ese espacio con un podio con "expertos" que hablan a alumnos) no es sencillo. La propia Claudia nos contó esa reveladora anécdota de una colega que, a pesar de sus esfuerzos por generar un liderazgo participativo, era percibida por su niño como la "reina" de la escuela, la que se asomaba de cuando en cuando al balcón de su poder para observarlos.
El conversatorio fue realmente enriquecedora. Me permitió reflexionar sobre nuevas formas de inspirar, guiar y trabajar en equipo. Además, me dejó pensando profundamente acerca de mi futuro y sobre el tipo de líder que quiero llegar a ser. Sin duda, una experiencia motivadora y llena de valor
ResponderEliminarSoy Andrea Jiménez, yo acudí a la charla y ésta me hizo pensar en lo mucho que cambia la dinámica de un centro educativo cuando el liderazgo deja de basarse en la autoridad y pasa a centrarse en la confianza y el acompañamiento. Además, me llevó a pensar que el liderazgo no es algo que “se tenga” o “se imponga”, sino que se construye día a día, en pequeñas decisiones y gestos, al igual que se construye la inclusión y el respeto en el aula. Por lo que me generó una pregunta interna: ¿Mi forma de ser y mis valores personales me permitirán ejercer un liderazgo basado en la confianza, la escucha y la colaboración? Me encantó la charla y sobre todo fue muy cercana. Bonito encuentro pedagógico.
ResponderEliminarFue muy inspirador todo lo que contó Claudia Romero y cómo ayudó a entender el liderazgo educativo de una forma más humana y cercana. Los ejemplos cotidianos hacen que ideas que a veces vemos muy teóricas cobren sentido real, mostrando que liderar no es mandar, sino cuidar, escuchar y generar confianza. Además, invita a reflexionar sobre la importancia de no quedarse atrapados en la burocracia y de mantener siempre el foco en lo pedagógico y en las personas.
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